En una mirada rápida, pareciera que esta pandemia poco y nada tiene que ver con un aspecto tan específico de la economía como es el comercio electrónico. Sin embargo, lo que nos muestran las estadísticas a nivel de contagios y las curvas exponenciales de crecimiento que se han visto en países como China, Italia o España, y que podrían repetirse en Chile, hoy no cabe ninguna duda: el e-commerce está en un momento clave para posicionarse como un canal de transacciones válido y robusto. Los supermercados ya se encuentran bastante consolidados en el canal, con un aumento de más de un 400% en las ventas online, pero industrias como la farmacéutica presentan un escaso desarrollo en comercio digital, que hasta ahora no ha sabido aprovechar la oportunidad que éste puede brindarle.
Para que el comercio digital continúe avanzando, aún es necesario desarrollar un aspecto clave que permita que la experiencia de compra de las personas sea óptima: la última milla. Las empresas deben seguir haciendo mejoras en este concepto, que se traduce en el tiempo y las condiciones en que las compras son despachadas desde la tienda o centro de distribución hasta el cliente final.
La situación presente es que estamos bajo una pandemia y que Chile acaba de entrar en un Estado de Excepción Constitucional de Catástrofe por los próximos 90 días. Esta particularidad nos llama, más que nunca, a mirar el e-commerce como una plataforma que puede contribuir a disminuir las cadenas de contagio y asegurar que tanto las empresas puedan mantener un adecuado nivel de productividad y ventas, y que los consumidores, por su parte, cuenten con la certeza que sus compras podrán ser procesadas y distribuidas de forma correcta.
En momentos en que el país y el mundo entero llama a la colaboración de cada persona, veamos cómo puede el e-commerce, finalmente, dar ese salto para que se transforme en el método de compras más confiable que existe en un mundo cada vez más digitalizado e interconectado.










