Una escena se repite: una persona observa detenidamente la variedad de productos con la que cuenta un determinado negocio. Se acerca al producto y lee sus características. En ese instante, su cabeza dibuja algunos datos que supone van a facilitar tanto su vida personal como la profesional. Y en ese momento de suspenso, elige aquel producto que lo satisfaga, aunque momentáneamente.

Las empresas sabemos que estamos en un escenario donde se nos presentan desafíos constantes, especialmente por las demandas de los consumidores. Sin embargo, estas demandas no son homogéneas. Así, tenemos que estar preparados para satisfacer diferentes gustos.

Uno de ellos son los colores. Años antes, en el caso de la venta de productos eléctricos, como “caloventores”, la elección de estos no bordeaba el color: los había blancos y negros. ¿Para qué contar con otro color si debía cumplir una sola función? Hoy el producto eléctrico forma parte de la estética del hogar o del jardín: el color elegido debe combinar con el mobiliario.

Otra demanda es el consumo energético. Un país que viene tomando conciencia por la cantidad de energía consumida en el hogar también cambió la demanda de los consumidores. Hoy la característica “potencia” es observada y analizada por las personas a la hora de elegir un producto. Y a nosotros, como desarrolladores de productos eléctricos, nos sucede que debemos estar atentos para responder de forma fehaciente.

En las compañías, debemos estar preparados para estar a la altura de las demandas de los consumidores y tratar de entender que hoy cada parte del hogar y del jardín no sólo debe brindar calidad, sino también adaptarse a un contexto más exigente en la estética y la actualidad de un país.